Cada pintura exige tiempo: cada mirada descubre relaciones que la anterior no había percibido. En las obras de Inés Medina, las formas parecen organizarse con una claridad evidente. Sin embargo, esa aparente transparencia es el resultado de una investigación rigurosa sobre las posibilidades de la percepción y la medida. Lo que vemos no es únicamente una composición sobre una superficie plana, sino la construcción de un espacio que pone a prueba los límites de nuestra mirada.
Esta exposición reúne dibujos, collages y pinturas realizados entre 1978 y 1995, un periodo decisivo en la trayectoria de Medina. A través de sus obras es posible seguir una investigación que parte de los elementos más básicos del lenguaje plástico —la línea, el punto y los colores primarios— para explorar cómo una superficie bidimensional puede producir una experiencia de profundidad. El recorrido permite descubrir distintas soluciones a este problema y reconocer cómo, hacia finales de los años ochenta y durante la primera mitad de los noventa, la investigación formal comienza a abrirse a preguntas sobre el tiempo, la emoción y la experiencia interior.